Telde abandona a sus barrios: recorrido por Fuente del Sao y Obispo Diego de Muros
Hoy Pulso Canario ha estado en la calle Fuente del Sao, y desde el primer paso quedó claro que esta zona de Telde está sumida en un abandono absoluto por parte del Ayuntamiento. El asfalto está lleno de socavones peligrosos, algunos tan profundos que obligan a los coches a maniobrar bruscamente para no dañarse. Las aceras, lejos de cumplir su función, están cubiertas de escombros y hierbas que ya parecen matorrales invadiendo la vía pública.
La basura se acumula durante días, los restos de poda aparecen amontonados en las esquinas y los cristales rotos brillan al sol como una advertencia. Nada se limpia, nada se retira, nada se revisa. Y para rematar, varias farolas oxidadas y agujereadas ponen en riesgo a cualquiera que pase cerca.
Esta situación se da apenas días después de que el Ayuntamiento aprobara una modificación de crédito de 6,9 millones de euros destinada a limpieza y recogida de residuos.
Información sacada de TeldeActualidad (01/11/2025)
Pero en esta calle, con siete millones o sin ellos, no ha cambiado absolutamente nada. Ni limpieza, ni mantenimiento, ni presencia institucional.
A escasos metros, en Obispo Diego de Muros, la realidad es todavía más dolorosa. Las aceras están tan dañadas que caminar por ellas es imposible: tramos levantados, grietas profundas y zonas completamente hundidas. Personas con movilidad reducida, mayores y familias con carritos se ven obligadas a caminar por la carretera, poniendo en riesgo su vida mientras los coches esquivan los socavones del asfalto.
La cancha de fútbol del barrio tampoco se salva: una portería ha perdido completamente la red y la otra solo conserva la base, como un esqueleto oxidado. No hay mantenimiento, no hay pintura, no hay cuidado. Una instalación pública que debería fomentar el deporte, hoy es símbolo del abandono.
A pocos metros está el parque infantil, pero llamarlo “infantil” es casi una broma. El suelo está levantado, agrietado y lleno de huecos. No hay columpios, ni balancines, ni juegos en condiciones. Es un parque sin infancia.
En este estado, sin vigilancia y sin mantenimiento, podría convertirse perfectamente en un punto de venta ilegal durante la noche.
La sensación al recorrer la zona es devastadora: un barrio roto, ignorado por quienes deberían cuidarlo. Aquí no llega el Ayuntamiento, aquí no llegan servicios, aquí no llega nadie. Solo llega el abandono.
Por Daniel Ponce | Pulso Canario
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