Telde, la ciudad que olvida su historia II

A veces, el olvido no llega por descuido, sino por decisión.

Mientras se anuncian millones en proyectos turísticos o deportivos, los rincones que cuentan quiénes fuimos se caen a pedazos.
Y lo más triste no es ver cómo se deterioran los muros, sino cómo se enfría la memoria colectiva.

El patrimonio no es un lujo ni una postal: es identidad.
Y cuando se pierde la identidad, se pierde también el sentido de pertenencia.

Telde no necesita discursos sobre su historia, necesita respeto por ella.
Cuidar el patrimonio no es mirar atrás, es saber de dónde venimos para no repetir los mismos errores.

Por Daniel Ponce | Pulso Canario

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